• Carolina Bianco

Preguntas y respuestas

En los dos últimos posts partimos de la realidad a la que nos enfrentamos cuando “lxs pacientes no se quedan” para reflexionar sobre la demanda y sobre las entrevistas preliminares. Recibí varias preguntas en relación a ambos artículos y hoy quiero compartir con ustedes dos de esas preguntas (y mis respuestas). Me gustaría leer sus ideas al respecto ¿cómo responderían ustedes a estos interrogantes? ¿qué piensan?


Sobre la demanda y la abstinencia

Esta es una pregunta que hizo Cecilia a partir de las ideas que planteé sobre la abstinencia en el artículo de la demanda. Acá pueden releer el artículo


Pregunta: Me quedé pensando en eso que tú llamas como primer tiempo de la abstinencia. ¿De qué abstenerse en ese tiempo? ¿Qué es lo que consideras que hay que dejar afuera?


Respuesta: Creo que en ese primer momento debemos abstenernos de demandarle al paciente que venga, que sostenga; abstenernos de actuar la bronca o hasta la angustia cuando alguien se va o nunca llega a instalarse. Cuento una situación que viví para ilustrarlo: Hace un tiempo una persona se contactó para pedir una entrevista. Acordamos un horario y el día de la cita se ausentó sin avisar. Ante la ausencia yo le envié un mensaje para recordarle que habíamos pautado una entrevista y le ofrecí reprogramar. Reprogramamos y también se ausentó esa segunda vez, enviando un mensaje donde solamente decía que no podía venir. Yo respondí al mensaje ofreciendo nuevamente un cambio de horario, aunque la persona no había mencionado absolutamente nada sobre buscar otro horario, solo había escrito diciendo "no puedo ir". Obviamente tampoco se presentó a la cita en esa tercera oportunidad. No está mal enviar un mensaje cuando alguien falta a sesión, pero claramente en este caso había un "de más" de mi lado. La insistencia en reprogramar el encuentro venía de mi lado, de parte de quien consultaba parecía no haber interés. ¿Qué podría haber hecho distinto? Por ejemplo, podría haberle dicho "cuando quieras venir a una entrevista, avisame y coordinamos", ofreciendo un espacio, pero dejando la demanda de su lado. En cambio, con mi insistencia quedé yo en el lugar de quien demanda algo. Creo que debemos abstenernos justamente de eso para así darle lugar a la posibilidad de que eventualmente se inicie un análisis.


Sobre las entrevistas preliminares

En relación al artículo sobre las entrevistas preliminares, Florencia hizo la siguiente pregunta. 

Pregunta: Con respecto al último artículo sobre las entrevistas preliminares , mi duda es masomenos esta: desde tu experiencia clinica y tus conocimientos, ¿cómo se sabe si un paciente es o no analizable? 

Respuesta: Para empezar, no creo que la analizabilidad o no analizabilidad sea algo fijo. No es tanto que haya personas que son analizables y otras que no, sino más bien que hay personas que están en condiciones de analizarse en este momento, en estas circunstancias. Y me parece que hay varios puntos que hacen a este estado de analizabilidad. Primero, para poder iniciar un análisis tiene que haber cierta disponibilidad de energía psíquica y emocional. Un análisis es un proceso demandante, que pone a una persona a trabajar intensamente, a observarse y escuchar. Por ejemplo, puede ser que recibamos el pedido de atender a una persona que está cursando una depresión muy severa y notemos en algunas entrevistas que en el estado en el que está no tiene posibilidades de pensar, de elaborar. ¿Podemos proseguir con un intento de análisis? ¿O la decisión más ética es hacer una interconsulta con unx psiquiatra? A veces vamos a recibir a personas muy tomadas por una situación así que no deja espacio para un trabajo de análisis. En muchos de esos casos un tratamiento psicofarmacológico puede ayudar a "bajar el volumen" de esos síntomas inhabilitantes y empezar a hacer lugar para que la persona pueda escucharse, momento en el que sí podría analizarse.

A veces también ocurrirá que la persona se sienta inhabilitada para iniciar ese proceso en ese momento, aunque no esté atravesando una situación que pareciera tan "extrema". Hace unos meses, después de varias entrevistas, un consultante me dijo que no quería continuar con el tratamiento, que se iba de las sesiones con más preguntas que respuestas y que no podría sostenerlo en ese momento, le resultaba demasiado angustiante. El psicoanálisis no es para todo el mundo en todo momento y está bien que así sea. Creo que hace a la ética de nuestra profesión darnos el lugar en las primeras entrevistas para hablar con las personas sobre qué es un análisis, qué es lo que ofrecemos. En este sentido creo que la analizabilidad se decide un poco en conjunto, entre analista y paciente. Esto me lleva a otro punto, a veces los objetivos con los que una persona llega a consulta no se alinean con un psicoanálisis. Por ejemplo, sabemos que el análisis es una terapéutica que lleva tiempo, que no podemos establecer una fecha de terminación del tratamiento. Habrá quienes lleguen esperando resolver algún problema puntual para cierta fecha específica y es nuestra responsabilidad aclarar que ese no es el modo en el que trabajamos. Algunas personas aceptarán continuar y quizás esa urgencia se transforme en material para el análisis, pero hay otras personas que preferirán buscar otro espacio que se alinee mejor con eso.

Si decidimos que la persona puede y quiere analizarse, el proceso de entrevistas preliminares continúa. Esto no quiere decir que automáticamente se inicie un análisis. Para que esto ocurra la persona tiene que poder llegar a implicarse en su discurso, a interrogarse sobre su posición y esto, dependiendo del caso, puede llegar a llevar mucho más tiempo.

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