• Carolina Bianco

Cuestión de oferta y demanda

No toda persona que consulta llega a ser paciente 

Cuando empecé a atender en consultorio particular me encontré con personas que acordaban una primera entrevista y luego cancelaban o faltaban sin avisar o que venían a algunas sesiones para después ya no volver. Yo quería que mi clínica creciera y esta situación me generaba bastante angustia. Un día estaba en análisis quejándome de que “lxs pacientes no se quedan” y mi analista me señaló que no toda persona que consulta llega a ser paciente. 

Para mí esto abrió dos frentes sobre los que reflexionar. Por un lado está la cuestión de la demanda y por el otro la cuestión de las entrevistas preliminares, ese tiempo necesario y anterior a la entrada en análisis. Hoy quiero hablarles un poco de la demanda, las ideas sobre las entrevistas preliminares las dejo para el próximo artículo.

Están la demanda y la demanda

Para que haya análisis tiene que haber alguien que demande una cura, alguien que traiga un malestar y nos pida que intervengamos para mejorar la situación. Esto se apoya en la suposición de saber porque, al fin y al cabo, lo que se le demanda a un/a analista es un saber, un saber sobre el síntoma, un saber escuchar. En el momento en que le suponemos un saber al analista (cuando le ponemos en lugar del Sujeto Supuesto Saber, dirá Lacan) empieza a instalarse la transferencia y hay terreno fértil para el psicoanálisis. Pero ¿qué pasa cuando la analista tiene más expectativas puestas en ese tratamiento que la persona que consulta? ¿De qué lado queda la demanda? A esto nos referimos cuando hablamos de invertir la demanda. Cuando un/a analista queda demandando que una persona venga a sesión, que hable, que sostenga el espacio, que pague, etc. no está dejando lugar al despliegue de la demanda de quien consulta, porque está ocupando todo con la suya propia. 


La demanda y la abstinencia

Sabemos que como analistas debemos guiarnos por la regla de abstinencia, pero muchas veces no terminamos de poder bajar esa idea teórica a lo concreto de la práctica cotidiana. Generalmente hablamos de la abstinencia en relación al saber. Decíamos recién que un tratamiento puede iniciarse a condición de que se le suponga un saber a la o el analista y que, en base a esa suposición, se le dirija una demanda. Bueno, para que un análisis avance será necesario que no respondamos a esa demanda de saber, que nos abstengamos de intervenir como si supiéramos (básicamente porque no sabemos, aunque el paciente suponga que sí). Nuestra tarea consistirá entonces en redirigir el saber hacia lo inconsciente, hacia el saber no sabido del paciente. Pero creo que la cuestión de la abstinencia no termina ahí. A mí me sirve pensarla en dos tiempos. Abstenernos de responder a la demanda de saber es la abstinencia del segundo tiempo, la que permite que un tratamiento se sostenga y avance. Pero hay una abstinencia previa, la que permite que el análisis se inicie. ¿Cómo sería esto? La abstinencia del primer tiempo implica, justamente, que la o el analista no demande. Creo que es un momento bastante desafiante sobre todo al inicio de la profesión, porque obviamente tenemos deseo de iniciarnos, de atender, tenemos también necesidades económicas. Pero tenemos que poder abstenernos de actuar todo eso para no llenar con nuestra demanda un espacio que debería ocuparse con la demanda de quien consulta, que será la demanda que podrá dar inicio a un análisis. Entonces, en un primer momento nos abstenemos de demandar, para que el paciente pueda construir una demanda y, una vez que eso ocurre, en un segundo momento, nos abstenemos de responder a esa demanda. 


La demanda y la oferta

Como analistas hacemos una oferta, pero no ofrecemos un servicio como cualquier otro. Ofrecemos nuestra capacidad de escucha. Abrimos un espacio que se sostiene con el deseo del analista, un espacio vacante dispuesto a alojar la verdad de otra persona, de esa persona que quizás devenga paciente, analizante. Pero para que ese espacio pueda alojar, necesariamente tiene que estar vacío, vacío de nuestras ansias, de nuestras necesidades. Si no logramos dejar eso de lado, al menos en mi experiencia, es probable que perdamos de vista que la construcción de una demanda, el establecimiento de la transferencia y el inicio de un análisis no son automáticos, se trata de procesos que llevan un tiempo y no todas las personas que nos pidan una cita van a atravesarlos porque no todas las personas que vienen a un par de sesiones están dispuestas a iniciar un análisis, quizás no vienen a dirigir una demanda y buscan otra cosa, quizás traen más certezas que preguntas o hay muchas resistencias en juego.


Si nos desbordan nuestras propias expectativas va a ser muy difícil que podamos leer las coordenadas particulares en las que alguien se presenta y darnos cuenta cuando no son fructíferas para el inicio de un tratamiento.Comenzar un análisis no es algo fácil y son muchos los factores que intervienen cuando alguien se ausenta a una primera sesión o no continúa después de algunas entrevistas. Por eso, tengamos presente que no toda persona que consulta llega a ser paciente y que no toda entrevista implica el inicio de un análisis. Solo algunas consultas llegarán más allá de las entrevistas preliminares y podremos hablar efectivamente  del inicio de un recorrido analítico.


¿Qué piensan? ¿Se han encontrado también con estas ansiedades al inicio del recorrido? ¿Cómo piensan a la oferta, la demanda y la abstinencia?

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