• Carolina Bianco

Antes del análisis: las entrevistas preliminares

La semana pasada les contaba que, al iniciarme en la clínica, una de mis mayores preocupaciones era la “ida” de lxs pacientes, el hecho de que muchas personas dejaran de venir luego de algunas sesiones o ni siquiera llegaran a concretar una primera entrevista después de pedir varios cambios de horario. Repensar esta situación me llevó a reflexionar sobre dos cuestiones: por un lado está lo que pasa con la demanda y por el otro, las entrevistas preliminares. En el último post compartí algunas ideas sobre la inversión de la demanda, hoy voy a darle lugar a las entrevistas preliminares. 


¿Cómo se inicia un análisis? ¿Qué ocurre en los primeros encuentros con alguien que consulta? ¿Todas las personas que vienen a una entrevista ya son pacientes o analizantes? 

Es imposible saber de antemano por cuánto tiempo habrá de extenderse un análisis. Cuando llega alguien al consultorio pidiendo que le demos una duración estimada al tratamiento, sabemos que no podemos hacerlo; los tiempos son inciertos. Y así como el psicoanálisis, una vez que se inicia, es una terapéutica que demanda un tiempo; su inicio tampoco es algo automático. Para que podamos hablar de psicoanálisis deben darse ciertos procesos que llevan su tiempo: el establecimiento de la transferencia, la construcción de una demanda, la ubicación de la posición subjetiva.

Si todos esos procesos son condición para el análisis y por ende ocurren ANTES de su inicio; entonces ¿qué pasa en esos momentos previos?, ¿en qué consiste ese periodo comprendido entre la primera sesión y la entrada en análisis? Esas son las entrevistas preliminares, un tiempo necesario de atravesar antes del análisis y que tiene su propia lógica. 

¿Y para qué sirven las entrevistas preliminares? ¿Qué hacemos en ese tiempo?

Viabilidad del análisis + decidir si queremos tomar ese tratamiento

Freud decía que, al recibir la consulta de una persona, nos tomaremos un tiempo para decidir si aceptamos o no ser su analista. Este tiempo debe ser acotado porque si dilatamos demasiado la toma de esta decisión y su comunicación a la persona que consulta, puede que la transferencia ya haya empezado a instalarse y esto tendría efectos negativos.

Entonces, parte de la tarea que emprendemos en las entrevistas preliminares es decidir si nos interesa tomar ese análisis; pero antes debemos determinar la analizabilidad de la persona que consulta. No toda persona en todo momento puede y quiere iniciar un psicoanálisis; tendremos que tener en cuenta, por ejemplo, la capacidad de espera y la disponibilidad psíquica. Si un análisis resulta una opción viable entonces será tiempo de deslindar nuestras propias limitaciones y decidir si estamos en condiciones o no de ser analistas de esa persona. Puede suceder que tengamos en frente a alguien que nos genera incomodidad; o una persona con la que se nos pone en juego algo personal que no nos permite escuchar por más que hayamos supervisado. Reconocernos en esta imposibilidad y decidir no iniciar un tratamiento es válido, es estar al tanto de los propios puntos ciegos y actuar éticamente. Por eso es importante poder plantear en los primeros encuentros, que las primeras entrevistas serán de tipo preliminar y que nos servirán para decidir si continuamos un tratamiento o no. En caso de que decidamos no iniciar un tratamiento, siempre debemos ofrecerle a la persona la posibilidad de una derivación y ponerla en contacto con alguna o algún colega que pueda tomar el tratamiento.

Diagnóstico + dirección de la cura

Las entrevistas preliminares también son necesarias para establecer cierto principio de diagnóstico que pueda guiarnos en el tratamiento. En un artículo anterior hablamos de la estructura y de su importancia a la hora de dirigir la cura, de pensar en los objetivos de un análisis. Es en este tiempo previo a la entrada en análisis en el que estableceremos las particularidades del encuadre y algunas estrategias en base a lo que observemos del caso.

Las dos partes de las entrevistas preliminares

Acá la pregunta que me surge es: ¿podemos decidir la analizabilidad, hacer un diagnóstico y diseñar la dirección de la cura todo en el marco de este tiempo que, como decía Freud, debe ser breve? Ya comentamos los motivos por los que es necesario decidir si tomamos o no a una persona en tratamiento sin demorarnos demasiado, pero, del mismo modo que esta decisión debe tomarse rápido, el establecimiento de un diagnóstico exige un tiempo prudente. Entonces, si bien es cierto que todas estas son tareas englobadas dentro del tiempo llamado entrevistas preliminares, a la vez hay diferencias entre unas y otras. Parecería que no podemos esperar a tener toda esta información disponible antes de decidir tomar a una persona en tratamiento porque se alargarían demasiado los tiempos y resultaría perjudicial para el paciente. ¿Entonces? ¿Cuándo poner fin a “lo preliminar”? ¿Cuándo comunicar la decisión de iniciar un tratamiento?

Lo que propongo es que pensemos a las entrevistas preliminares como un proceso que tiene dos partes. La primera parte sería aquel en el que decidimos, primero, si la persona es analizable y, después, si queremos realizar ese análisis. Una vez que sepamos si la persona puede analizarse y si queremos ser su analista, es momento de comunicárselo e invitarla a iniciar un proceso terapéutico, contándole cuál es nuestra forma de trabajar y demás. También será este el momento de presentar el encuadre (la parte del encuadre que quedaría excluida por ahora es la decisión de hacer o no diván, ya que esta en parte dependerá del diagnóstico y el establecimiento del mismo llevará más tiempo, por ese motivo, todas las personas inician el proceso terapéutico en una disposición cara a cara). Si la persona decide iniciar este proceso terapéutico con nosotrxs, entraríamos en la “segunda parte” de las entrevistas preliminares. 

En este segundo momento y ya habiendo tomado las decisiones que implicaban mayor urgencia, trabajaremos en la elaboración de un diagnóstico, en la dirección de la cura y se irá estableciendo la transferencia que posibilitará la posterior entrada en análisis.

Cuándo terminan las entrevistas preliminares

¿Y cuándo se da el pasaje de las entrevistas preliminares a la entrada en análisis? Lacan dijo que “no hay entrada posible en análisis sin entrevistas preliminares”. Es decir que se trata de una instancia necesaria y obligatoria. Toda entrada en análisis se produce luego de un tiempo de entrevistas preliminares, pero no todo tiempo de entrevistas preliminares tiene como consecuencia la entrada en análisis. No se trata de una continuidad automática, algo tiene que ocurrir para que se produzca ese pasaje. Quiero compartirles lo que propone Sinatra, en “Las entrevistas preliminares y la entrada en análisis”:



Hay una discontinuidad, un quiebre entre un tiempo y otro. La entrada en análisis es sancionada por el o la analista cuando algo ocurre. ¿Y qué es lo que tiene que ocurrir? Para que la entrada en análisis sea posible tiene que haberse producido la localización subjetiva. El sujeto tiene que haberse implicado en su discurso, tiene que haber podido ubicar cuál es su posición frente al síntoma, frente a lxs otrxs. Esto es lo que posibilita la entrada al análisis. Y el análisis será ese tiempo en el que se buscará generar un cambio en esa posición. 

Hay un largo camino que recorrer hasta que se inicia un análisis. Cuando nos gane la ansiedad de querer iniciar nuestro recorrido en la clínica y nos frustremos si alguien no avanza más allá de algunas consultas, recordemos que no todo tiempo de entrevistas preliminares tiene como consecuencia un análisis, que habrá quienes no sean analizables en ese momento, quienes quizás pasen meses en la “segunda parte” de las entrevistas preliminares pero no lleguen a implicarse. Tiene sentido que la mayoría de las consultas no deriven en un proceso terapéutico, pero no perdamos de vista que cada entrevista es una oportunidad para cuestionarnos, para aprender y para seguir construyendo nuestra posición.

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