• Carolina Bianco

El consentimiento informado

El consentimiento informado


Las leyes de ejercicio de la psicología y los códigos de ética que rigen nuestra profesión establecen que debemos obtener el consentimiento informado de las personas con las que trabajemos en nuestra práctica profesional. Para que una persona pueda dar su consentimiento es necesario que primero le informemos sobre la naturaleza de nuestra práctica, qué puede esperar de este espacio y también qué esperaremos de ella. 

En el caso de personas adultas que llegan a consultarnos la cuestión parece simple, en la primera entrevista estableceremos qué es lo que hacemos, qué tipo de terapia proponemos como psicoanalistas y otras condiciones del tratamiento y veremos si la persona está de acuerdo o no. Pero ¿cómo manejamos esto en el caso de les niñes? 

Al igual que ocurre con la demanda y la transferencia, el consentimiento en este caso tiene dos vertientes: está por un lado el consentimiento de la familia y por otro lado el de le niñe.

El consentimiento de las familias

En el caso de las familias, en las primeras entrevistas que tengamos informaremos en qué consiste el tratamiento, la participación que esperamos que tengan en el mismo, el secreto profesional y otras cuestiones. 

Además de obtener su acuerdo verbal, sugiero también pedir que se firme un consentimiento por escrito. Por más que nos encante diferenciar al psicoanálisis de la psicología y haya psicoanalistas que renieguen de las leyes de ejercicio profesional porque la ética del psicoanálisis pasa por otro lado; la realidad es que el ejercicio del psicoanálisis está inmerso en cierto contexto, en cierta legalidad que lo excede. Y en ese contexto lo que nos habilita a ejercer legalmente como psicoanalistas es nuestra formación en psicología y las matrículas y licencias que esa formación nos provee (cada país tiene sus particularidades, pero en líneas generales funciona así). Entonces ¿por qué pedir que se firme un consentimiento? Porque es un resguardo legal, una forma de proteger nuestra práctica, al igual que contar con un seguro. Acá les comparto un modelo básico de consentimiento, podrían agregar además que se han comunicado las condiciones del tratamiento o cualquier otro detalle que crean pertinente. 

¿Y qué pasa con el consentimiento de la o el menor?

Como primer punto, me parece esencial que les expliquemos en nuestro primer encuentro quiénes somos, qué hacemos y asegurarnos de que saben por qué les trajeron a vernos. Hablé un poco de eso en este artículo. Este será el momento de trabajar sobre si este sujeto tiene ganas de venir a análisis y si está la posibilidad de que construya una demanda. Las particularidades de cómo encaremos esta tarea dependerán de la edad, la situación emocional y otras características de la persona que tengamos enfrente. Pero lo importante es que podamos escuchar al sujeto, darle lugar a su deseo, permitirle correrse de las exigencias del mundo adulto y manifestar su singularidad. ¿Qué hacemos cuando alguien no quiere venir a análisis? Si se trata de una persona adulta la pregunta parece ridícula, si alguien no quiere venir a análisis no viene y se terminó la cuestión, no se puede sostener un psicoanálisis sin el compromiso del sujeto. Entonces, ¿por qué cuando se trata de une niñe sí le damos lugar a esta posibilidad? ¿Es posible el análisis de une niñe que no quiere estar ahí? ¿Qué cambios o avances terapéuticos lograremos si sostenemos semejante espacio?

Les niñes no expresan su consentimiento ni formulan su demanda de análisis de la misma forma que una persona adulta, pero esto no quiere decir que no lo hagan; lo hacen a su manera y es nuestro trabajo poder escucharles. 

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