• Carolina Bianco

Adolescencia ¿patológica?

El discurso social presenta a la adolescencia como un momento intrínsecamente patológico, una etapa de la vida inestable, que se constituye casi como un trastorno en sí misma por los conflictos que implica. Seguramente en algún momento de su formación, se encontraron con la explicación de que la palabra "adolescencia" deriva del verbo "adolecer" y que por lo tanto ya etimológicamente está ligada al padecimiento y al sufrimiento, a algo que no funciona bien, a un trastorno.


Pero resulta que esto es erróneo. No solo adolescente no deriva de adolecer, sino que ni siquiera tienen un origen común (aprovecho para compartirles mi página favorita para investigar etimologías donde pueden encontrar los detalles. Y esta es otra referencia.)


¿Por qué se sigue sosteniendo esta creencia errónea? ¿Por qué continuamos transmitiéndola sin ir a chequear si es cierta o no? Creo que el hecho de que sigamos replicando este mito es muy significativo y dice mucho de la mirada que tenemos de la adolescencia. Si sostenemos esta creencia errónea sin cuestionarla es porque tiene sentido, porque efectivamente vinculamos la adolescencia a lo patológico. El mundo adulto no comprende a la adolescencia, la mira con desaprobación y cataloga el accionar adolescente de trastorno. Esta leyenda sobre el origen de la palabra se sostiene porque ese es el significado que le damos a la adolescencia socialmente; de casualidad encontramos en el idioma español dos palabras suficientemente parecidas e inventamos una historia para justificar esa creencia.


La adolescencia desconcierta al mundo adulto, que la tilda de conflictiva. Lxs adolescentes y sus conductas hacen ruido en distintos ámbitos, su rebeldía resuena en los colegios, sus actitudes alertan a las familias. Es innegable que la adolescencia es tiempo de transformaciones y movimientos que no están libres de conflicto, pero ¿cuál es su naturaleza? ¿de qué se tratan estas manifestaciones que la sociedad cataloga de trastornos?

Freud sostenía que el quiebre que se da indefectiblemente entre una generación y otra al desasirse el sujeto de la autoridad de sus progenitores, es necesario para el progreso de la civilización. Pero esta ruptura, este modo de hacer adolescente que fractura las normas adultas y empuja el avance de la sociedad, no deja de generar malestar en ella.

¿Qué medios buscan las y los adolescentes para recortarse de los mandatos del Otro? ¿No podemos leer acaso en esas expresiones adolescentes catalogadas de patológicas un intento de corte?


Tiempo de corte


El empuje biológico de la pubertad pone al cuerpo en primer plano, cuerpo que, como plantea Silvia Wainsztein, “ejerce sobre el sujeto una acción que en principio es vivida como una exterioridad y su subjetivación requiere de un tiempo” (Silvia Wainsztein. Los tres tiempos del despertar sexual.) La transformación biológica que trae consigo la posibilidad del encuentro sexual es vivida como una irrupción exterior a la que el sujeto

aún no sabe cómo responder. Este tiempo de transformaciones físicas exigirá que se produzcan también transformaciones subjetivas. Tendrán que darse ciertos movimientos a nivel del sujeto, cierto grado de creación de recursos para vérselas con el encuentro con la sexualidad.


La posibilidad de hacer frente a este encuentro con lo real implicará espera y creación. La adolescencia, como consecuencia de la pubertad, será el tiempo de iniciar la subjetivación de estas transformaciones, construyendo una respuesta propia y singular y que ineludiblemente conllevará cierta oposición con el mundo adulto. Que la o el adolescente pueda emprender un camino propio requerirá que comience a distanciarse de la autoridad parental, que produzca ciertos cortes posibilitando la salida exogámica.


¿Y cómo se da esa salida? Ocurre que hay ciertos modos de corte adolescente, ciertas salidas exogámicas, que son idealizadas socialmente: que sean independientes y responsables, que encuentren algo que les guste, que pasen tiempo con pares, que hagan deportes, que hagan actividades creativas, etc. Se espera que lxs adolescentes sean adolescentes de una manera aceptable para el mundo adulto.


Pero lxs adolescentes no producen sus cortes de este modo. Hacer lo que la sociedad y sus familias están esperando que hagan, separarse del modo que esperan que se separen en realidad sería no separarse y seguir acatando la propuesta adulta. Acatar pasivamente la norma que el mundo adulto ofrece lxs entramparía, sería un aplastamiento subjetivo.Por eso su búsqueda de respuestas, su construcción de un camino singular, precisamente por su singularidad, será ruidosa. La ruptura generacional es inevitable.


Es en ese acto de corte que el sujeto puede desplegar su particularidad. Por eso en la clínica nos encontramos con intentos de salida tan diversos. Los cortes, la búsqueda de separación, se dan de modos tan únicos como inesperados, conmueven lo esperable haciendo presente su singular modo de decir. Esto muchas veces no puede ser oído desde el mundo adulto y las manifestaciones adolescentes son leías como trastornos o dificultades, llevando a que no se dé lugar a su palabra o se desestimen sus intentos de comenzar a tomar sus propias decisiones.


Correr el velo


Lxs adolescentes, en el proceso que atraviesan para descubrir un modo propio, desafían a las personas adultas, al Otro. Pero para que este desafío pueda darse tiene que haber un Otro presente que marque los límites que transgredirán, que sostenga los velos que buscarán correr. Estos límites y velos que el Otro parental ofrece ofician de coordenadas que guiarán al adolescente mientras construye ese modo singular. Lxs adolescentes se rebelan contra las normas, pero necesitan que estén ahí para poder luchar contra ellas.¿Y qué ocurre cuando no se sostiene un velo?


Cuando el Otro parental carece de claridad, se pierden las referencias. Como decíamos, necesariamente lxs adolescentes buscarán la transgresión de la norma adulta. ¿Y cuando la norma adulta permite demasiado? ¿Hasta dónde tiene que ir unx adolescente para transgredirla? ¿Qué pasa cuando la norma es demasiado rígida y exigente? Tanto el exceso como la carencia de límites, dejan a lxs adolescentes en un lugar de captura, donde hacer un corte se vuelve, a la vez, imperioso y complicado. Y es así que nos encontramos con estas manifestaciones adolescentes que son entendidas como problemáticas y hasta patológicas, cuando en realidad muchas veces son la única posibilidad de separación. Muchas veces, estos modos adultos terminan por contribuir a que lxs adolescentes hagan intentos de corte que terminan poniéndoles en riesgo y tienen un costo subjetivo muy alto.


Adolescentes y psicoanalistas


Como analistas, cuando recibimos a unx adolescente en el consultorio no vemos en sus conductas y dichos problemas a suprimir, sino que leeremos en esas manifestaciones un modo en el que la verdad del sujeto se hace decir. Intentaremos leer en el texto que se nos ofrece los lugares en los que se están realizando los cortes, lugares complicados y riesgosos a veces, pero que nos muestran que ese corte no se está pudiendo realizar de otra forma.

No nos movemos en las mismas coordenadas que los Otros del sujeto. Lejos de la sanción moral y los intentos de normalización en los que éstos inciden a veces, como analistas apuntaremos a escuchar la singularidad de ese sujeto, del lugar donde se está ubicando. Para así poder acompañar en la creación de otros modos de separarse que no impliquen un sufrimiento o un costo tan grande.


Por eso el espacio analítico pone de relieve el decir adolescente. A esa palabra que lxs adultxs suelen minimizar y desvalorizar, unx analista la escucha y la favorece. Se inaugura así un lugar distinto donde la o el adolescente escuchará resonar sus propias palabras, donde podrá desplegar y sostener su modo único de vivir esta etapa.


Nuestra función estará dada por acompañar al encuentro de esa salida singular que el sujeto sólo alcanzará mediante su propia construcción porque, como dijo Winnicott, “ésta es una época que debe vivirse.” (Winnicott. La familia y el desarrollo del individuo.)

Si les convoca la clínica con púberes y adolescentes, les invito a que conozcan el curso online Púberes y adolescentes en análisis.

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